El pobre legado que deja Gabriel Boric en temas de los animales

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Hoy termina el mandato de Gabriel Boric, y el balance en bienestar animal muestra avances mínimos, como anuncios administrativos y ajustes legales, sin reformas estructurales que reconozcan la sintiencia animal ni que enfrenten prácticas como el rodeo, las carreras de galgos o la producción intensiva. Aunque el gobierno prometió un cambio ético y la lucha contra el maltrato animal, en la práctica, la retórica no se tradujo en acciones.

Boric había apoyado el reconocimiento constitucional de la sintiencia animal, una propuesta histórica que fue rechazada por los ciudadanos. A pesar de este respaldo inicial, no impulsó ninguna iniciativa para incorporar la sintiencia en la legislación ni priorizó reformas concretas. Se criticaron las carreras de galgos, pero su gobierno no prohibió dicha actividad. Activistas exigieron acción, pero el silencio del gobierno sobre este tema fue notable.

También criticaron al rodeo, pero en lugar de limitaciones, se firmaron convenios para fortalecer esta práctica. La situación en las granjas industriales es grave, con condiciones inhumanas para los animales, y no hubo regulaciones significativas para mejorar su situación. Este silencio revela una falta de interés en enfrentar la explotación.

A pesar de algunos avances menores, como un aumento en recursos para esterilizaciones y un registro de condenados por maltrato animal, estos son más gestos simbólicos que cambios reales. La autocrítica es necesaria; un gobierno verdaderamente transformador debería haber abordado el especismo en todas sus formas y dejado un legado significativo. Al final, el legado en bienestar animal es una oportunidad perdida, con animales sufriendo mientras se habla de empatía sin acciones concretas. Por último el gremio veterinario mantuvo como demanda insatisfecha su inclusión formal en el Código Sanitario, lo que limita su capacidad para influir en políticas públicas de salud integral.

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