“Te voy a enseñar a sentir el amor”: testimonios y pruebas que llevaron a la condena de falso gurú que estafaba y violaba a fieles

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  Foto: Fernando José Soria
  • ¿QUÉ PASÓ?

Fernando José Soria (60) fue identificado como el hombre que se presentaba como un “instrumento de Dios” y que utilizaba argumentos de carácter espiritual para cometer abusos contra mujeres. Según se estableció en la investigación, llegó a haber al menos 27 víctimas, una de las cuales se quitó la vida.

En ese contexto, la justicia de Córdoba, en Argentina, resolvió condenarlo a cadena perpetua, decisión cuyos fundamentos se dieron a conocer recientemente.

  • Organizaciones y mecanismos de captación

De acuerdo con los antecedentes del caso, Soria lideraba agrupaciones como las escuelas de la Divina Sabiduría y de la Divina Naturaleza, además de fundaciones como Energías del Tercer Tiempo o Hermano en la Luz. En estos espacios ofrecía supuestos tratamientos para sanar problemas físicos o emocionales.

La investigación consignó que el acusado adaptaba su discurso según la situación, generando vínculos de dependencia con sus seguidores, quienes en muchos casos acudían en condiciones de vulnerabilidad. A ellos les señalaba que no debían recurrir a médicos, asegurando que la solución se encontraba en los “medios espirituales”.

Además, promovía el distanciamiento de familiares y cercanos, junto con la participación en cursos pagados. En ese contexto, sostenía que mantener relaciones sexuales con él era “fusionarse con el Espíritu Santo”, planteamiento que utilizaba para justificar los abusos.

  • Delitos acreditados y fundamento de la sentencia

La justicia cordobesa lo declaró culpable de diversos delitos, entre ellos privación ilegítima calificada de la libertad, abuso sexual simple doblemente agravado, abuso sexual con acceso carnal doblemente agravado —por su rol como supuesto líder religioso—, lesiones leves calificadas por violencia de género y tenencia ilegal de armas de fuego.

La pena de presidio perpetuo se vinculó especialmente al suicidio de una de las víctimas, a quien, según se acreditó, obligó a mantener relaciones sexuales bajo la premisa de alcanzar una supuesta “iluminación” y “fusionarse con el Espíritu Santo”.

En ese contexto, el acusado también señalaba a las mujeres que debían “despojarse del cuerpo” y acceder a estos actos como parte de un proceso de evolución espiritual.

  • Relatos de víctimas durante el proceso

Durante la investigación judicial se conocieron testimonios que dieron cuenta de las dinámicas al interior del grupo.

“Lo conozco físicamente a finales de 2019; sé qué hacía calor. En el primer contacto saludó a las otras personas y me dio un beso en la boca: me shockeo. Soy yo la del problema, pensé. Uno de los requisitos era el despojo de los sentimientos, y para lograrlo debía despojarme de mi novio”, relató una de las afectadas.

En su declaración también indicó: “me iba a dar una sesión de energía, no en su casa sino en la ‘casita de miel’. Estaba armado para hacer la sesión de energía. Me llevó, cerró la puerta, me agarró de los hombros y me dijo: ‘Yo te voy a enseñar a sentir el amor’. Ahí entendí, rompí en llanto… lo que recuerdo es estar en la camilla, desnuda, llorando; nunca paré de llorar, veía el techo pintado, las imperfecciones, él encima mío. Me preguntó si tomaba pastillas, le dije que no. Cuando terminó me dijo: ‘Me dijeron los ángeles que te reviniste’, me levanté y salí”.

  • Evaluación judicial y peritajes

En el fallo, el tribunal sostuvo que “en esta escuela espiritual en donde primaba el hostigamiento, la violencia, la coerción y la despersonalización, todas las excusas o justificaciones ensayadas por el acusado Soria son detalles que no enervan en modo alguno la prueba cardinal”.

Por su parte, los peritajes psicológicos señalaron que el condenado presentaba “una obsesión excesiva con la grandiosidad. En este contexto, se advierten como características de personalidad en Soria un concepto elevado de sí mismo, narcisista y con comportamientos de delirios de grandeza y omnipotencia. Un megalómano se considera superior, es arrogante, extremadamente orgulloso y desprecia todo aquello que no tiene que ver con él mismo”.

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