
La historia de la “Chinoska”: La asesina que fue atrapada por una PDI disfrazada de trabajadora sexual
Clara de las Nieves Morales Oyarzún, puede que no sea un nombre que resuene en la cultura chilena, pero quizás sí sea reconocida por su sobrenombre, “La Chinoska”, una chilena que estuvo prófuga de la justicia, pero que fue encontrada gracias al trabajo de una detective de la PDI, que se infiltró en el mundo donde la asesina se movía, el de la prostitución, reporta BioBioChile.
La agente de la policía actuó como prostituta en las calles de Santiago durante 7 meses hasta que pudieron dar con la mujer, conocida por su agresividad y frialdad, fruto de una dura crianza en los barrios bajos de la capital.
- La Chinoska
Clara de las Nieves nació en 1957 y creció en la población San Rafael de la comuna de La Pintana, en la Región Metropolitana. Hija de una prostituta y de un proxeneta, su infancia transcurrió en medio del mundo delictual, la violencia y la promiscuidad.
Según las mismas entrevistas de “La Chinoska”, como la entregada a The Clinic en el 2002, su padre la golpeaba a ella y a su mamá. ¿Por ser prostituta? No, “porque le gustaba”. La protagonista de esta historia relató que desde pequeña la hicieron “trabajar” robando y que si no lograba juntar el dinero exigido en su casa, era agredida por su progenitor.
Su primer homicidio lo presenció con apenas 9 años, justo el día en que le celebraron un cumpleaños. Un día, regresando de las ferias libres donde robaba, vio a su madre prostituyéndose en la calle, momento en que se enteró de la actividad de ella. En una antigua entrevista con TVN dijo que ambas lloraron en el instante.
Aburrida de la violencia, se fue de su casa aun siendo menor de edad. Llegó a la Plaza de Armas de Santiago, donde ganó plata cantando en la calle. Ser cantante era su sueño. Su voz atraía a personas, especialmente a las prostitutas que trabajaban en el centro de la capital.
Según explicó, el dinero que juntaba cantando lo usaba para pagar un hotel donde dormir, junto a las “chiquillas”, las trabajadoras sexuales que ahora eran sus amigas.
- Los dos asesinatos
Según trascendió en la prensa, su primer crimen mortal habría sido por defender a su hermano, que era gay. Pero ella lo desmiente: “Había como cuatro locos que le habían pegado a mi hermano, entonces yo fui a pelear. Entonces, como yo me había tomado unas anfetas y una botella de pisco, me puse a luchar con uno de ellos “.
La pelea le costó “un puntazo que me jodió el páncreas y el hígado”. Tras casi morir -según sus palabras-, se cobró venganza. “Pa’ un año nuevo, lo pillé en un restaurante y le mandé dos balazos. Ahí quedó”.
Por el crimen, “Chinoska” fue a dar a la cárcel, pero tiempo después, en 1989, se escapó del centro penitenciario de mujeres junto a otras tres reclusas, en un acto que puso en boga la falta de seguridad del centro carcelario.
Tras vivir en la clandestinidad, no pasaron muchos meses para que volviera a frecuentar los barrios y el ambiente de las trabajadoras sexuales. En sus palabras, sentía una necesidad de protección hacia ellas por la agresividad de su papá proxeneta hacia su mamá.
En abril de 1990, participaba en una fiesta en un hotel con otras prostitutas. Un sensual baile con una de ellas, que tenía a su pololo presente, motivó los celos de este, que golpeó y humilló a la “Chinoska”. Sedienta de venganza, a las pocas horas lo acuchilló tres veces y lo mató.
- La sub-comisario inflitrada
Obligada a escapar de la policía, tomó la decisión de endurecer mucho más aún su aspecto. Actuó como hombre por casi tres meses en el matadero de La Pintana, donde logró pasar desapercibida por un tiempo.
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En medio de esto, ante la falta de resultados investigativos, la PDI decidió dar un paso radical para encontrar a la “Chinoska”. La sub-comisario Sandra Fuentealba se infiltró como prostituta para poder dar con su paradero.
De acuerdo a su relato en el programa “Enigma”, la detective se hizo pasar por una trabajadora sexual cuyos clientes eran de mayor capacidad adquisitiva, así lograba sortear a los hombres que buscaban sexo. Además, para aparentar, llegaban miembros de la PDI vestidos de civil que hacían como que cobraban por sus servicios.
En tanto, una mezcla de clandestinidad y desesperación de dormir con un ojo abierto por las noches para no ser descubierta tenía a la “Chinoska” nerviosa y comenzó a frecuentar nuevamente a sus amigas prostitutas.
- La muerte de la Chinoska
Una de ellas comentó frente a la detective que había visto a la mujer y que pronto se juntaría con su hermano de manera clandestina.
En noviembre del año 91, 7 meses después de que Fuentealba iniciara una falsa vida de trabajadora sexual, la PDI detuvo a Clara Morales, que fue a dar a la cárcel otra vez, pero ahora por 17 años.
Tras salir bajo fianza en el 1997, volvió a trabajar al matadero, donde aseguró querer hacerlo lo mejor posible. Una década después, la “Chinoska” murió, dejando atrás una de las historias policiales más llamativas de Chile.

