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Noticias | Monjas se enamoraron dentro del convento: “Pensaba más en ella que en la Biblia"Noticias | Monjas se enamoraron dentro del convento: “Pensaba más en ella que en la Biblia"

Noticias | Monjas se enamoraron dentro del convento: “Pensaba más en ella que en la Biblia”

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Noticias | Monjas se enamoraron dentro del convento: “Pensaba más en ella que en la Biblia"
Noticias | se enamoraron dentro del convento: “Pensaba más en ella que en la Biblia”

 

 

El festival internacional de cine ZagrebDox, fue el punto de partida para conocer esta polémica historia de por medio del premiado documental “Nun of Your Business”.

Se trata de un juego de palabras que, en la frase original “Not of your business” (No es asunto tuyo), sustituyen con “Nun” (monja, en español), para darle el efecto esperado.

HISTORIA DE AMOR

La producción cuenta la forma en que Marita, una monja del país de Europa Oriental, Croacia, se enamora de Fani, otra religiosa que como ella hizo los votos para servir a Dios, sin saber que los dejaría de lado por el que considera el amor de su vida.

“Simplemente escuché a mi corazón”, dice Marita, sabiendo las implicaciones del caso. En Croacia consideran a los homosexuales como pervertidos y hasta discapacitados. Por eso es que ambas dejaron sus hábitos y, tras enamorarse, decidieron contar la experiencia de vida, en una sociedad cortante con este tipo de orientación sexual.

CINE

Cuando la directora del documental, Ivana Marinic Kragic, decidió emprender el rodaje, lo hizo por amor al arte, pero la reconstrucción social era su objetivo. “Es la historia de un amor inesperado e insólito, pero me concentré más en la cuestión de la libertad individual”. Marita y Fani vivían y crecían en dos lugares apartados en Croacia.

 

VIDA CON CRISTO

Antes de conocerse, tenían en común el llamado a servir como monjas. Marita Radovanovic llegaba a los 18 años y con eso se concretaba su ingreso al convento de su natal Korcula, una isla al sur croata.

Pero no iba obligada por los deseos de algún miembro de su familia. Simplemente, sentía un llamado de ayudar a los demás, pese a que sus padres le pedían vivir una vida normal. En el seminario conoció a Fani Feric, quien procedía de un pueblo al este de Croacia. Tenía 23 años cuando se ofició como monja y ya sentía que era homosexual, pero el miedo la hizo callar. Durante su formación, Marita y Fani se hicieron amigas, pero no sospechaban cuánto crecería la relación entre ambas. “No pensé en el lugar al que iba. En un convento hay muchas mujeres”, cuenta Fani en el documental. Al poco tiempo, supo que ese lugar no era lo que esperaba. Su actual pareja también recibió un revés al considerar que se cometían muchas injusticias y mezquindades.

“Antes, lo idealizaba todo, pero me di cuenta de que el marco de la Iglesia no me convenía. La consigna de mi orden era ‘Veritas’ (Verdad en latín). Al cabo de un tiempo, decidí ser honesta conmigo misma y con Dios, que es amor”, subraya, Marita. Marita y Fani, de 36 y 40 años, respectivamente, lucen muy diferentes de cuando llegaron al seminario motivadas por causas distintas, pero sujetas a la fe. Lo que está a la vista no es precisamente una historia fácil de observar.

Es un torbellino social y emocional que ha puesto a dos mujeres en la palestra pública, no sin antes sentir culpa por lo que estaban sintiendo y viviendo. “Es difícil cuando no encajas porque eres diferente. Para los católicos, la homosexualidad es un pecado importante. Yo rezaba a Dios para que me curara de mi ‘enfermedad’. Pero más tarde me di cuenta de que si Dios me había hecho así, no había nada que curar”, relata Fani, quien ahora está convencida de la vida que lleva, a pesar de los señalamientos públicos.

Antes de asumir que comenzaron su relación en el seminario, ambas aclaran que cuando Marita, la primera en colgar sus hábitos, dio a conocer su decisión hace 11 años, Fani decidió seguir sus pasos y se reencontraron para después formar una pareja sentimental, algo que ya lleva una década de vigencia. “Pensaba más en ella que en la Biblia”, reconoce Fani, quien le pidió unos días al convento para reflexionar sobre su servicio, pero fue para no retornar más.

Ahora, una se dedica al rubro del turismo y la otra es restauradora en Korcula, ciudad natal de Marita. La familia de esta las aceptó. Después de todo la animaba a llevar una vida normal y que la hiciera feliz. “De joven, cuando veía una estrella fugaz, me decía siempre: ‘Dios, por favor, envíame a alguien como yo’. Ahora ella estaba ahí, así que abandoné el convento”.

 

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